Antes de escribir...

Me encontraba sentada en el sillón, con mis codos apoyados sobre el escritorio afirmando mi cabeza con mi mano izquierda, mientras con la derecha sujetaba el lápiz para pronto escribir... solo atinaba a hacer puntos sin trazos, letras sin sentido, palabras incompletas que eran borradas y tachadas una y otra vez... Los lentes se caían sutilmente por la cavidad de mi pequeña nariz, esa (nariz) que me recuerda los cuentos de Hansel y Gretel, aquella que cae inocente, se respinga un poco y es semi-anchita y rosada. En la ventana maullaban los gatos que se paseaban por los techos, me miraban sigilosamente mientras pensaba qué trazar  para armar una obra maestra. En eso pasan los buses que mueven las casas y de la repisa caen unas fotografías que creí por olvidadas... Era mi pasado, lo que quisiera que fuese mi presente y con quien quería enormemente vivir mi futuro; La fascinante nostalgia vuelve a mi cabeza, momentos hermosos, memorables y otros que prefería no recordar... mejor guardarlos en los archivadores mentales que habitan en el minúsculo espacio llamado cabeza- exclamé; pero aun así se me escapan las lagrimas, esas víctimas del recuerdo, oh remember, remember!... Se escabullen por mi rostro, las veo pasar por mis mejillas, las siento caer por mi cara, tocando mis labios, abrazando a mis ojos de un espejismo furioso bajo las aguas verdes que se circunscriben a la rueda, su pupila; las aguas son la energía que cae de mis ojos al papel... hojas manchadas.

 

Luego retomé unos libros antigüisimos, pense que no era momento de escribir, pero si de leer. Sobre las hojas quedaron los libros abandonados de hace ya tiempo, polvorientos, y me fui en viaje fantástico, lleno de metáforas y de realidades ocultas bajo las letras; duendes, hadas, seres místicos, aves multicolores, pincelazos, vida, muerte, destino... Era así como de mi infancia se teletransportaban a la vida... al levantar los libros me di cuenta que las hojas estaban llenas de tierra, tristemente las tome resignándome en comenzar algo nuevo en hojas decentes y limpias, arrugue las hojas para tirarlas al tacho, las lanzaría sin pensar más... pero algo me hacía arrepentirme, volví a tomarlas, las miré nuevamente... las vi desechas, llenas de manchas, rayones, lagrimas... y fue donde me di cuenta que había creado ya una historia, había enmarcado los pasos de mi vida en una hoja, llenas de nostalgias, cosas lindas y cosas feas como las de cualquier humano, fue ahí donde no necesite letras ni más hojas, porque el cuento ya estaba escrito y vivido.

Atte. Vainilliitaw!*

       

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